Juanes de Añorga Berreyarza

La segunda mitad del siglo XVI representó un periodo de transformación estructural para la sociedad vasca, marcado por la consolidación del poder monárquico y la influencia de la Contrarreforma. En este escenario de cambio, Juanes de Añorga Berreyarza, nacido en torno a 1550, asumió la jefatura del linaje con el reto de asegurar la continuidad patrimonial y adaptar la Casa Solar a las nuevas exigencias económicas y sociales.


Hijo de Joanes de Berreyarza Unanue y Mari Juan de Añorga Adúriz-Miramón, Juanes adoptó el apellido materno para acceder al señorío del solar, una práctica sucesoria habitual destinada a preservar la identidad dinástica de la propiedad. Contrajo matrimonio con María Alonso de Arizabalo, unión que perduró veintisiete años y de la que nacieron siete hijos: Francisco, quien le sucedería en la Casa Solar; Domingo, Marquesa, María, Catalina, Miguel y Domenja.

Alianzas y estrategia familiar

La política matrimonial fue una herramienta clave para la consolidación del estatus familiar. El 3 de marzo de 1594, ante el escribano Domingo de Ayerdi, se formalizaron las capitulaciones entre Marquesa de Añorga, hija mayor de Juanes, y Joan Pérez de Merquelín, dueño de la casa solar homónima e hijo de Antonio de Merquelín y Tomasa de Aguirre. Dicho enlace unía a dos familias fundadoras de la iglesia de San Sebastián El Antiguo con propiedades colindantes entre San Sebastián y Hernani.

La escritura revela detalles significativos de la época: al ser los contrayentes primos carnales, fue necesario solicitar la dispensa papal por parentesco de cuarto grado. Asimismo, María Alonso de Arizabalo participó activamente en la firma del contrato, requiriendo para ello un permiso escrito de su esposo Juanes.

Documento histórico o representación de la época
Representación del contexto documental de la época.

Gestión patrimonial y financiera

A pesar de la extensión de sus dominios, la Casa de Añorga, como muchas otras familias nobiliarias, enfrentó problemas de liquidez que se solventaron mediante el sistema de censos y la comercialización de productos agrícolas.

El 29 de abril de 1595, Juanes y María Alonso vendieron un terreno a Gregorio de Amasorrain mediante un censo formalizado ante Nicolás de Ayerdi por un valor de 300 ducados (a razón de once reales por ducado). La operación incluyó una cláusula de retracto o derecho preferente de compra, previsión que permitiría a su bisnieto, Christóval de Añorga Gómez de Egusquiza, recuperar la propiedad más de un siglo después, en 1714, tras la quiebra de la casa Amasorrain.

La economía de la Casa se sustentaba fuertemente en la producción de sidra, un sector estratégico para el abastecimiento de las flotas en San Sebastián y Pasajes. El testamento de Juanes evidencia el volumen de este comercio y las deudas contraídas en su gestión: se documentan 75 ducados adeudados a Sebastián de Zaitegui por una cuba, y 468 ducados a Sebastián de Durandegui por otra cuba de sidra vendida meses antes. Para sanear estas cuentas, Juanes ordenó a su heredero la venta de activos específicos, como el monte Susaldea y las tierras de Ustariza.

El testamento y la sucesión

Juanes de Añorga Berreyarza falleció en San Sebastián el 1 de agosto de 1595, siendo sepultado en la tumba principal de la familia en la iglesia de San Sebastián El Antiguo. Su sucesión, sin embargo, se vio envuelta en complicaciones legales inmediatas.

El 29 de agosto, ante el alcalde de Hernani, Manuel Aramburu, se procedió a la apertura del testamento otorgado el 5 de julio de ese mismo año ante el escribano Martín Pérez de Ayerdi. El documento apareció fragmentado y falto de varias hojas, lo que obligó a su hijo Francisco a convocar a los testigos presentes en el otorgamiento para validar la autenticidad de las últimas voluntades.

En el texto reconstruido, Juanes instituyó vínculo y mayorazgo sobre la Casa Solar, designando a Francisco de Añorga Arizabalo como heredero universal de todos sus bienes muebles y raíces.

La viuda y los segundones

Respecto a su viuda, María Alonso, el testamento refleja una relación de afecto y pragmatismo. Juanes le otorgó el usufructo de la Casa y sus bienes mientras permaneciera viuda, en gratitud por la «buena vida» compartida. No obstante, estipuló que si contraía nuevo matrimonio, debía abonársele la cantidad de 450 ducados estipulada en su carta dotal. Para sus hijos segundones, fijó una legítima de 200 ducados cada uno, añadiendo para las hijas legados en especie que incluían camas y ajuar doméstico.

Scroll al inicio