Joanes de Añorga y Domenja Adúriz-Miramón: La casa solar en el siglo XVI


El siglo XVI supuso para Europa un umbral de transformaciones estructurales. El surgimiento de los estados nacionales, el cisma de la Reforma protestante y la expansión hacia nuevos horizontes geográficos —marcada por el hito de 1492— reconfiguraron el orden global. Este flujo masivo de bienes y personas no solo transformó la economía continental, sino que alteró profundamente el tejido social de la península ibérica.

En este contexto de cambio emerge la casa de Añorga como un núcleo de influencia notable en la jurisdicción de San Sebastián. Sus miembros no se limitaron a la mera administración patrimonial, sino que se integraron plenamente en la vida política y social de sus comunidades, ostentando un prestigio cimentado en la propiedad y el linaje.

La unión de dos solares: Joanes y Domenja

Joanes, señor de la casa de Añorga, nació hacia el año 1500. Su matrimonio con Domenja Adúriz-Miramón consolidó una alianza estratégica entre dos estirpes de raigambre. Domenja era hija de Christóval de Adúriz y María Esteban de Miramón Lugariz, señora a su vez del solar de Miramón, lo que vinculaba a los Añorga con una de las casas fundadoras de la parroquia de San Sebastián El Antiguo.

De esta unión nacieron cinco hijos que asegurarían la continuidad del linaje:

  • Andrés: El primogénito, cuya muerte prematura alteró el orden sucesorio previsto.
  • Mari Juan: Casada con Joanes Berreyarza Unanue, quien acabaría sucediendo en la jefatura de la Casa.
  • Joanes: Unido en matrimonio con Catalina de Segura.
  • Catalina: Quien contrajo nupcias con Domingo de Munoa, señor de dicho solar.
  • Sebastián: Casado con Catalina de Loiztegui, señora del solar homónimo.

El liderazgo de Domenja Adúriz-Miramón

La figura de Domenja Adúriz-Miramón destaca por una singular firmeza de carácter. Tras el fallecimiento temprano de su esposo Joanes y de su hijo mayor Andrés, Domenja asumió la dirección de la casa solariega. Ejerció el mando con determinación hasta que su hija Mari Juan alcanzó la mayoría de edad y pudo ser reconocida como señora de Añorga.

Recreación histórica del entorno de la casa solar
Representación histórica del entorno de la casa solar.

El estatus de Domenja quedó blindado legalmente por su esposo antes de morir. El 18 de enero de 1549, Joanes estipuló en el contrato matrimonial de su hija que los nuevos cónyuges tendrían la obligación ineludible de sustentar a su madre de por vida. Tras su fallecimiento, se celebraron las exequias fúnebres con la solemnidad que correspondía a su categoría social.

El testimonio de 1559: una ventana al pasado

El testamento de Domenja, otorgado en 1559, constituye un documento de valor excepcional para la reconstrucción de la vida cotidiana y el universo simbólico del siglo XVI vasco. Sus disposiciones revelan una amalgama de piedad religiosa, pragmatismo económico y conciencia del estatus social.

En sus últimas voluntades, Domenja detalló con precisión los ritos de su tránsito: ordenó ser velada con una saya de paño fino y que sus restos descansaran durante dos años junto a los de su hermano, Domingo de Miramón. Transcurrido ese plazo, dispuso que sus huesos fueran trasladados definitivamente a la iglesia de San Sebastián El Antiguo, para reposar en la sepultura de la casa de Añorga junto a su marido y sus antepasados.

Disposiciones económicas:

  • Delegó en su hijo Sebastián la resolución de una deuda histórica de trece ducados con la casa de Cachola.
  • Ordenó el rescate de ciertos anillos empeñados y la venta del llamado «monte de las monjas» —patrimonio heredado de su esposo— para distribuir el beneficio entre sus vástagos.
  • Dispuso la liquidación de todo su ganado (vacas, puercos y ovejas), destinando el producto tanto a sus hijos como al auxilio de las personas necesitadas de la comunidad.

Este legado testamentario no solo cierra la crónica de una vida, sino que certifica la solidez de una casa que supo navegar las transformaciones de su siglo sin perder el vínculo con su tierra y sus raíces.

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