Tomás Joaquín Añorga Cardaveraz y el inicio de la transición
Tras el fallecimiento de Joseph Manuel, la titularidad de los vínculos recayó en su hijo Tomás Joaquín Añorga Cardaveraz, nacido en 1776. Bajo su mando, la familia comenzó a experimentar las tensiones propias de un sistema de mayorazgos que empezaba a mostrar falta de liquidez frente a las nuevas exigencias económicas.
Hacia 1809, Tomás Joaquín tomó posesión judicial de los dominios de Añorga y Olazával, convirtiéndose en uno de los principales terratenientes de la región. Sin embargo, la gestión de este vasto patrimonio se vio dificultada por contextos externos adversos.
El costo de la reconstrucción de sus propiedades tras el devastador incendio de San Sebastián en 1813, sumado a las disputas familiares internas, le obligaron a tomar medidas drásticas. Para mantener la solvencia, tuvo que solicitar autorizaciones reales que le permitieran enajenar bienes vinculados, llegando a vender activos importantes como el caserío Aguirre en Irura.
El origen de la industria en Añorga
El hito más relevante de su periodo fue, sin duda, el inicio de la actividad industrial en sus tierras, un proceso que cambiaría para siempre la fisonomía del valle.
El nacimiento de Cementos Rezola
El 9 de octubre de 1858, se establecieron las bases de la futura Cementos Rezola cuando los hermanos Miguel y José María Rezola, junto a Miguel Otaño, fundaron la sociedad de cal hidráulica «La Esperanza». Previamente, en 1856, los Rezola habían arrendado a Tomás Joaquín la finca Añorga-Chiqui para aprovechar sus aguas y canteras, marcando el primer paso en la transformación del valle de un entorno puramente agrícola a uno industrial.