Agustín de Añorga Alcega
El siglo XVIII marcó un periodo de profunda reconfiguración institucional en Guipúzcoa. Bajo el reinado de Felipe V, se consolidó la centralización borbónica y se implementaron los Decretos de Nueva Planta que, si bien buscaban unificar el poder en la Corona, respetaron los fueros de los territorios vascos y navarros, permitiendo una autonomía singular en la gestión fiscal y local. En este escenario de transición, Agustín de Añorga Alcega nació en Hernani en 1708, en el seno de una familia que personificaba la preeminencia del linaje y la complejidad de las estructuras de poder de la época.
La infancia de Agustín estuvo marcada por la fatalidad. En 1711, con apenas dos años de edad, perdió a su madre, Francisca de Alcega. Este acontecimiento no solo fue una tragedia personal, sino el detonante de un agudo conflicto familiar. Francisca, en su testamento, había dispuesto que su hijo fuera criado en la casa de Rentería bajo la tutela conjunta de su padre, Blas de Alcega, y su esposo, Joseph Christóval de Añorga Gorostiaga. Sin embargo, las desavenencias entre ambos hombres y la decisión de Joseph Christóval de contraer nuevas nupcias apenas ocho meses después de enviudar, fracturaron irremediablemente este acuerdo.
La huida a la Casa Solar
Ante la intransigencia de su suegro, quien se oponía a que Joseph Christóval rehiciera su vida junto a su hijo, este último optó por una resolución radical: la fuga. Bajo el amparo de una noche de octubre, Joseph Christóval sacó al pequeño Agustín del recinto amurallado de Rentería, contando con la complicidad de los vigilantes del portal del Arrabal.
El trayecto hacia San Sebastián fue una travesía ardua que atravesó vados y caminos conocidos. Cruzaron el río Oyarzun, ascendieron hacia Zamalbide y buscaron refugio momentáneo en la venta de Astigarraga antes de cruzar el río Urumea por el vado de Ergobia. Finalmente, alcanzaron la seguridad de la casa familiar en San Sebastián al amanecer, donde fueron recibidos por los padres de Joseph Christóval. Este episodio simboliza la tensión entre las mandas testamentarias y el derecho personal, marcando el inicio de una nueva etapa para Agustín en el entorno de la Casa Solar de Añorga.
Herencia y consolidación del patrimonio
Agustín creció en una red de influencias que unía a los Añorga con los Olazával de Rentería, una dinastía de constructores navales. A través de su línea materna, era nieto de Savina de Olazával y biznieto de Mariana de Jáuregui, cuya herencia incluía propiedades urbanas y una capellanía en la villa de Rentería.
Al alcanzar la mayoría de edad, Agustín asumió la jefatura de la dinastía y entró en posesión del mayorazgo electivo de la casa de Echeverría-Barrundia en Anoeta. El 14 de diciembre de 1732, contrajo matrimonio con María Josepha de Sansinenea Aguirre en Hernani, con quien fundaría una numerosa descendencia de seis hijos, entre ellos Joseph Manuel, quien heredaría el mayorazgo, y Joseph Ángel.
La defensa del vínculo
Tras la muerte de su padre en 1756, Agustín se vio obligado a defender judicialmente su derecho sucesorio. Dado que Joseph Christóval falleció sin testamento, Agustín inició un proceso legal ante el alcalde Juan de Cardaberaz para demostrar que los bienes de la familia estaban sujetos a vínculo y mayorazgo. El 17 de diciembre de 1756, obtuvo la sentencia favorable que lo confirmaba como dueño absoluto de la Casa Solar y sus pertenecidos.
Un ritual de posesión
La toma de posesión real fue un acto cargado de simbolismo: Agustín recorrió las tierras baldías, abrió y cerró las puertas de la casa y el molino, y cortó ramas de los árboles frutales en presencia de testigos, reafirmando así su dominio inmemorial sobre el solar de sus antepasados.
Agustín de Añorga Alcega falleció tras otorgar testamento en su casa de Gorostegui, en Alza, el 15 de octubre de 1779. En sus últimas voluntades, además de nombrar a sus seis hijos legítimos como herederos universales, encomendó su alma a Dios y destinó parte de sus bienes a la redención de cautivos cristianos, cerrando así una vida dedicada a la preservación del honor y el patrimonio de su estirpe.